TOULOUSE
Esta larga inmersión en la cultura musical tuareg me ha permitido descubrir el sonido y el uso del anzad, un violín de una sola cuerda tocado tradicionalmente por mujeres.
En la encrucijada de la electrónica experimental, el drone y el ruido, la música invita a la confrontación, a la desaceleración o, por el contrario, a la inmersión. Un espacio sonoro que nos transforma.
Un corredor, un pasaje delimitado en el que los puntos de referencia vacilan. ¿Qué experimentamos en el pasillo?