TOULOUSE
Una habla occitano, la otra francés. Y luego hay otra voz, más joven, que mezcla estas dos lenguas sin plantearse ninguna duda. Porque la cuestión no está ahí.
Ambas cantan, recorren y revisitan un territorio grabado en sus cuerpos a lo largo del tiempo. Una mezcla de lenguajes —oral, no verbal, musical—, un intercambio apasionado, una batalla juguetona.
Tejer un vínculo, poner a prueba su resistencia y su flexibilidad. Abrir un camino para entenderse, entenderse de una orilla a otra del arroyo, de una ladera a otra de la montaña o de la vida.