TOULOUSE
Refugiado en Ámsterdam, una ciudad de canales y luz fría, este antiguo abogado espera en un bar de dudosa reputación a oyentes complacientes. Tiene un corazón moderno, es decir, no soporta que lo juzguen. Por eso se apresura a celebrar su propio juicio, pero es para poder juzgar mejor a los demás. El espejo en el que se mira, acaba por tenderlo.
¿Dónde empieza la confesión y dónde la acusación?
¿El que habla se juzga a sí mismo o a su época? ¿Es un caso particular o el hombre del momento? En cualquier caso, solo hay una verdad en este juego de espejos tan calculado: el dolor y lo que promete.
Extracto de *Prière d’insérer*, de Camus