TOULOUSE
De este encuentro, la artista extrae una actuación poco convencional, al tiempo que una reflexión profunda, sobre su relación con este arte que desde hace tiempo alimenta su obra. Partiendo de la figura de la diva, de sus papeles emblemáticos y del imaginario que se deriva de ellos, se divierte explorando diferentes estados corporales y de interpretación, sobre todo a través de lo que ella denomina las «danzas faciales» de las cantantes líricas. ¿Cómo se pasa de un rostro bello que canta a un rostro monstruoso? Una investigación que lleva a cabo en la encrucijada entre el teatro, la danza y el canto lírico —en el que se ha formado recientemente— para diseccionar mejor los atavíos sagrados de la ópera.