TOULOUSE
A veces, rascan la tierra. Organizan un banquete galo, cantan canciones galas y hacen gestos.
Olivier y Thomas están pasando el fin de semana en un pueblo del sur de Francia. Pasan por delante de un edificio abandonado. […] Una inscripción con rotulador: «Los galos».
Olivier y Thomas, dos gendarmes con bigote, vienen a interrogar a Thomas y a Olivier. Algo debe de haber pasado en el edificio. ¿Fue ayer o en el siglo V a. C.?
Atormentados por recuerdos muy antiguos, violentos e inciertos, Olivier y Thomas intentan asir y sacudir sus fragmentos, ríen, tiemblan, se enzarzan, forcejean, pasan el rato.» — Marion Aubert