TOULOUSE
Cuando el rey Heinrich ordena un combate judicial, un caballero desconocido aparece en una barquilla tirada por un cisne. Vence a Telramund y pide la mano de Elsa, pero le impone una condición ineludible: ella nunca deberá preguntarle por su nombre ni por su origen. Elsa lo jura. Sin embargo, Ortrud, la esposa del vencido, vigila desde las sombras. Sabe que la duda es un arma y que la pregunta prohibida acabará ardiendo en los labios de la joven esposa.