TOULOUSE
En un futuro más o menos cercano, dos amigos de toda la vida han alquilado una pista de Mif-Müf, un deporte nórdico muy de moda, durante una hora. A lo largo de la partida, se dirán verdades que nunca antes se habían expresado, como solo los amigos saben hacerse daño unos a otros, con toda sinceridad.
En este espacio cerrado y distópico, arbitrado por Annick, una IA invasiva, se ponen de manifiesto las dinámicas de la discordia: mala fe, rencor, insultos, golpes bajos, violencia física… La emoción va desplazando progresivamente a la reflexión, en un tono tragicómico. «No hay problema» es un conflicto creciente, una escalada, una espiral, en la que los egos se enzarzan hasta lo grotesco, en una danza absurda de bestias humanas en crisis.