TOULOUSE
Pero cuando Grimes acoge a un nuevo aprendiz, resurgen las sospechas, luego los rumores y, finalmente, la turba. Entre un cielo tormentoso y el agitado mar de las conciencias, un hombre solo se enfrenta al veredicto de una comunidad que ya ha tomado una decisión.
En 1941, exiliado en California, Benjamin Britten descubre *The Borough*, el largo poema de George Crabbe. La nostalgia lo abruma —y con ella, la revelación de un tema para una ópera—. Y es que Crabbe pinta una auténtica comedia humana: un juez vanidoso, una posadera astuta, un reverendo untuoso, una chismosa al acecho, un boticario turbio… Tantos personajes a los que Britten y su libretista, Montagu Slater, dan vida con un irresistible sentido del teatro. Todo un mundo que bulle y se desata, salvado únicamente por la compasión de unos pocos. Estrenada un mes después de la victoria, Peter Grimes marca el renacimiento de la ópera inglesa. La partitura despliega fuerzas telúricas en las que los interludios orquestales hacen resonar el mar, el amanecer y la tormenta con una potencia sin igual.