TOULOUSE
Lo que se cuenta entonces es como una novela de formación, esa que toda infancia se inventa para sentir que ante ella se abre un mundo más habitable, más grande o más intenso, un mundo «bigger than life» al que le gustaría pertenecer.
Ese mundo, para muchos de nosotros, se llamaba «cine». Algunos se refugiaron en él muy pronto y lo construyeron todo allí, en la oscuridad de las salas, hasta el punto de confundir sus recuerdos con las pantallas de su infancia.
Es esa novela, la de las imágenes, las salas y los reproductores de vídeo, la que nos gustaría volver a vivir.